Como todos hemos podido comprobar, el mundo no se acabó el 21 de diciembre de este año 2012 que termina dentro de unos días. La noticia de que la tierra sigue girando no lo es en realidad, ya que, al margen de amantes del catastrofismo, estaba absolutamente claro que del calendario maya solo se podía concluir que el final de su cuenta larga (5.126 años) era únicamente la indicación de que su calendario, su forma de medir el tiempo, volvía al punto de inicio. ¿Un cambio de era? Podría ser…
La realidad es que, sin tener en cuenta el calendario maya, la coyuntura mundial actual puede considerarse como un cambio de era. La crisis económica, el cambio climático y todas las circunstancias que afectan a la vida de los habitantes de este planeta nos llevan a concluir que hay que buscar nuevas soluciones para poder garantizar la permanencia de la humanidad dentro de unas condiciones de vida similares a las que ya estamos acostumbrados a disfrutar.
Estamos en un momento histórico que puede definirse con la palabra oportunidad. Se trata de aprender del pasado para emprender el camino del futuro, de globalizar la solidaridad y de utilizar la inteligencia humana para superar los problemas económicos.
La buena noticia es que dentro de la crisis económica española e internacional hay muchas personas, incluso muchas asociaciones, organismos públicos y empresas que utilizan la creatividad, la imaginación para seguir adelante y conservar la calidad de vida de todos los habitantes del planeta. Evidentemente, la salud, la alimentación, el techo donde guarecerse, son objetivos fundamentales a los que se atiende con múltiples iniciativas públicas y privadas.
Cuando las necesidades fundamentales están cubiertas, el ser humano tiene otra necesidad: cultivar su inteligencia. La educación y la cultura son esenciales para que camine hacia el futuro. Difundir la cultura en tiempos de escasez es difícil, pero no imposible. Aquí es donde entra la imaginación, la creatividad. Se trata de utilizar los recursos económicos menguantes para conseguir una mayor difusión de la cultura.
Hay un ejemplo muy cercano de esta creatividad en la utilización de los recursos culturales. El Museo del Prado está consiguiendo parte de la financiación que ha perdido de la subvención estatal (un 30% menos en 2012 que el año anterior) saliendo de España. Su aventura más reciente es una exposición en Houston con obras de Velázquez, Goya, Rivera y Tiziano.
Más de 170 cuadros del Prado viajan a Estados Unidos, Australia o Abu Dhabi, en una operación que ha reportado este año 3 millones de euros a las arcas del museo (su presupuesto anual es de 38 millones, de los que 27 son de fondos propios). El nomadismo de las grandes obras del Prado es una opción imaginativa para mantener su presupuesto, pero esto no es lo más importante. Lo más importante es que en este mundo necesitado de experiencias culturales, los cuadros han viajado para que puedan verlos quienes quizá no puedan permitirse el lujo de viajar a España y disfrutar de ellos el museo habitual. Esta clase de iniciativas son las que ayudan a cambiar el mundo.
Firma invitada:
Cristina Buhigas
Periodista



La tecnología ha revolucionado nuestra relación con el audiovisual en muy poco tiempo. Quizá demasiado. Hace tan sólo diez años una cámara de vídeo profesional sólo estaba al alcance de las grandes cadenas de televisión. De las revolucionarias Betacam SP, que daban una calidad en los 90 que hoy nos recordaría a una televisión local con poco presupuesto, hemos pasado demasiado deprisa a cámaras HD de 300€. El efecto ha sido devastador en más de un departamento de marketing de grandes compañías. Seguro que más de uno sabe perfectamente de qué estamos hablando y recuerda la primera vez que escuchó a su jefe decir “he comprado una cámara HD. Ahora los vídeos los hacemos aquí”. Efectivamente, adquirir una cámara HD a un precio asequible, es fácil. Pero de ahí a pensar que con la compra ya tienes vídeos profesionales, virales, corporativos o tutoriales con los que informar de tus servicios, a tus clientes, tus trabajadores, tu fuerza de ventas, o lo que sea, de forma eficaz… hay un trecho. Si a esta combinación de factores le unimos el hecho de que YOUTUBE ha conseguido implantar la idea generalizada de que un vídeo con bajo presupuesto y mala calidad puede ser visto por millones de personas en todo el mundo, tenemos un problema. Efectivamente hay muchos ejemplos que así lo corroboran pero los ejemplos de lo contrario, vídeos malos que no interesan a nadie y hechos con dos duros, se cuentan por trillones en la red. La realidad es más que tozuda en este punto. Los grandes virales que circulan en la red tienen una creatividad detrás, unos medios de producción y responden a unas estrategias de comunicación sólo al alcance de las grandes marcas y, de los grandes presupuestos. Y lo mismo sucede con los vídeos corporativos, los tutoriales o los vídeos de comunicación interna. Se puede decir que casi siempre, el éxito de un video y su virilidad es proporcional al dinero que se ha invertido en él. Los buenos vídeos cuestan. Deben costar. Esfuerzo y dinero. Lo cual no significa que sean caros. Se acabaron los tiempos en los que entregar un vídeo con calidad profesional significaba obligatoriamente desembolsar una cantidad de dinero indecente. Ahora la tecnología nos permite tener acceso a esa calidad por poco dinero, pero nada más. La calidad, como en todo, tiene un precio.