La vida medio llena

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Este vídeo me lo hago yo solito

UnknownLa tecnología ha revolucionado nuestra relación con el audiovisual en muy poco tiempo. Quizá demasiado. Hace tan sólo diez años una cámara de vídeo profesional sólo estaba al alcance de las grandes cadenas de televisión. De las revolucionarias Betacam SP, que daban una calidad en los 90 que hoy nos recordaría a una televisión local con poco presupuesto, hemos pasado demasiado deprisa a cámaras HD de 300€.

El efecto ha sido devastador en más de un departamento de marketing de grandes compañías. Seguro que más de uno sabe perfectamente de qué estamos hablando y recuerda la primera vez que escuchó a su jefe decir “he comprado una cámara HD. Ahora los vídeos los hacemos aquí“.

Efectivamente, adquirir una cámara HD a un precio asequible, es fácil. Pero de ahí a pensar que con la compra ya tienes vídeos profesionales, virales, corporativos o tutoriales con los que informar de tus servicios, a tus clientes, tus trabajadores, tu fuerza de ventas, o lo que sea, de forma eficaz… hay un trecho.

Si a esta combinación de factores le unimos el hecho de que YOUTUBE ha conseguido implantar la idea generalizada de que un vídeo con bajo presupuesto y mala calidad puede ser visto por millones de personas en todo el mundo, tenemos un problema. Efectivamente hay muchos ejemplos que así lo corroboran pero los ejemplos de lo contrario, vídeos malos que no interesan a nadie y hechos con dos duros, se cuentan por trillones en la red.

La realidad es más que tozuda en este punto. Los grandes virales que circulan en la red tienen una creatividad detrás, unos medios de producción y responden a unas estrategias de comunicación sólo al alcance de las grandes marcas y, de los grandes presupuestos. Y lo mismo sucede con los vídeos corporativos, los tutoriales o los vídeos de comunicación interna. Se puede decir que casi siempre, el éxito de un video y su virilidad es proporcional al dinero que se ha invertido en él.

Los buenos vídeos cuestan. Tienen un valor. Esfuerzo y dinero. Lo cual no significa que sean caros. Se acabaron los tiempos en los que entregar un vídeo con calidad profesional significaba obligatoriamente desembolsar una cantidad de dinero indecente. Ahora la tecnología nos permite tener acceso a esa calidad por poco dinero, pero nada más. La calidad, como en todo, tiene un precio.


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